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Lombardi: Navarro-Valls, maestro de la comunicación al servicio de la Iglesia

Navarro Valls, histórico Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, junto a su sucesor, el padre Federico Lombardi, actual presidente de la Fundación Ratzinger-Benedicto XVI. - RV

06/07/2017 11:54

Falleció este 5 de julio Joaquín Navarro-Valls, por más de 20 años portavoz del Papa Juan Pablo II y también de Benedicto XVI, en los primeros 15 meses de pontificado. Sobre la figura del histórico Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede,  fallecido a la edad de 80 años, se detiene el padre Federico Lombardi, hoy presidente de la Fundación Ratzinger-Benedicto XVI, llamado a sucederlo en el 2006 a la guía de la Oficina de Prensa vaticana:

“Conocí personalmente al Dr. Navarro-Valls cuando vine a trabajar en el Vaticano como Director de Programación de Radio Vaticana al inicio de 1991. Desde entonces, comencé a seguir regularmente la actividad de la Oficina de Prensa como fuente imprescindible de información y a participar en diversos viajes de Juan Pablo II, integrándome en aquella original comunidad que es el “séquito papal”, del cual obviamente Navarro era un componente estable e importante, pero también agradable, amigable y cordial.

Naturalmente ya lo conocía por fama como brillante y competente ‘portavoz’ del Papa. Aunque esta no era la dicción oficial de su trabajo – que sería más bien “Director de la Oficina de Prensa” – es necesario decir que en su caso era una denominación completamente apropiada.

De hecho Navarro, como nos explicó varias veces, desde el comienzo fue muy claro con quien lo había llamado al nuevo servicio en el Vaticano, haciendo entender que retenía absolutamente necesario poder tener – y tener efectivamente – una relación directa con el Papa, para poder conocer con seguridad y claridad su pensamiento y su línea, y poderse presentar al mundo de la prensa y de la opinión pública como intérprete acreditado de tal pensamiento y no sólo por conocimiento indirecto.

No cabe duda que en todo el larguísimo servicio que él desarrolló durante el pontificado de Juan Pablo II, desde 1984 hasta la muerte en el 2005, haya estado efectivamente muy cerca del Papa, tanto que fue considerado una de las figuras importantes de aquel pontificado extraordinario, no sólo por su evidente visibilidad pública, sino también por su papel de intervención y de consejo. Ciertamente Juan Pablo II tuvo gran confianza en él y consideró mucho su servicio.

No por nada él fue también incluido como miembro efectivo de varias delegaciones de la Santa Sede en Conferencias mundiales de las Naciones Unidas de particular resonancia donde, gracias a su experiencia y capacidad comunicativa, desarrolló efectivamente un papel de relevancia primaria. Así, también tuvo varias veces un papel ‘diplomático’, por ejemplo, en la preparación o en el desarrollo de viajes de importancia histórica, como aquel del card. Casaroli en Rusia en el 1988 o el de Juan Pablo II a Cuba.

Su inteligencia, elegancia y capacidad de relaciones eran eminentes. A ello se agregaban un óptimo conocimiento de las lenguas y una verdadera genialidad en el presentar noticias y contenidos informativos de manera brillante, atractiva y concisa. Todas dotes que hacían de él un personaje ideal como punto de referencia vaticano para los agentes de la información internacional, pero también para las relaciones – públicas, pero no sólo – con muchas personalidades de gran relevancia e influencia en el mundo de las comunicaciones, de la política, de los negocios.

La elección del Dr. Navarro como Director de la Oficina de Prensa por parte de Juan Pablo II fue indudablemente una elección muy acertada. A diferencia de sus predecesores en aquella tarea, se trataba de un laico – y ya esto era, en cierto sentido, un mensaje – y de un laico profesionalmente competente y apreciado por los colegas periodistas: ya había sido Presidente de la Asociación Prensa extranjera de Roma. Al mismo tiempo, como numerario del Opus Dei, era una persona sobre cuya dedicación y amor fiel a la Iglesia y al Papa se podía verdaderamente contar, por la disponibilidad efectiva ya sea de tiempo que de corazón.

La duración excepcional del servicio del Dr. Navarro como Director de la Oficina de Prensa vaticana, su autoridad, la eficiencia y la cualidad universalmente reconocida de su trabajo, nos hacen pensar espontáneamente en su dirección como en una época que permanecerá probablemente única en la historia de la Oficina de Prensa y de las comunicaciones vaticanas. Ciertamente, la dimensión de la comunicación y de las públicas relaciones en el inmenso pontificado de Juan Pablo II no puede ser de ninguna manera comprendida prescindiendo de la obra y de la personalidad del Dr. Navarro. Ha sido un servicio a la Iglesia de un valor incalculable.

Personalmente he estado siempre agradecido al Dr. Navarro por la cortesía y la atención en el curso de los quince años en los que hemos colaborado – diría siempre bien, serenamente y amigablemente – con funciones diversas en el campo de las comunicaciones vaticanas. Lo he considerado siempre un maestro en el modo de desarrollar su servicio y nunca me hubiera imaginado que habría sido llamado para sucederlo. Era evidente que, bajo muchos puntos de vista, era para mí completamente inimitable: no podía imitarlo y no debía ni siquiera probar. En el contexto de un pontificado diverso, traté entonces de interpretar y desarrollar la tarea que me asignaron como mejor sabía, pero conservando, por lo que me era posible, su valiosa herencia. Navarro permaneció siempre un amigo para mí, un ejemplo de vida espiritual discreta, verdadera y profunda, plenamente integrada con su trabajo, un modelo de dedicación al servicio del Papa y de la Iglesia, un maestro de la comunicación, aunque para mí – como ya dije, pero repito con gusto  -  inimitable”.

(María Cecilia Mutual - Radio Vaticana)

06/07/2017 11:54