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«La geopolítica pastoral de los pueblos y sus culturas», prof. Rafael Luciani

Niño sirio desplazado que huyó del campo que rodea a los Estados Islámicos. - AFP

04/05/2017 16:00

(RV).- "La geopolítica pastoral de los pueblos y sus culturas" es el título del séptimo programa de Rafael Luciani, en el que explica cómo Francisco une su visión y acción geopolítica con la evangelización y la promoción de los pueblos pobres a través de sus viajes. 

El 4 de septiembre de 2013 Francisco dirigió una carta a los jefes de Estado y de gobierno de las veinte mayores economías del planeta ante la intensificación de la crisis Siria. Manifestó que «es un deber moral de todos los Gobiernos del mundo favorecer toda iniciativa orientada a promover la asistencia humanitaria a quienes sufren a causa del conflicto dentro y fuera del país». Tres días después de la reunión, Francisco pronunciará en la plaza San Pedro su célebre: «No más la guerra». En este contexto el Papa realizaba su primera toma de posición geopolítica.

La época ponía nuevos retos a la diplomacia vaticana. Parte de estos retos los describe en sus palabras que dirige a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales el 18 de abril de 2015: «se han desarrollado nuevas formas de esclavitud en cierto modo peores y más inhumanas que las del pasado (...). Estas nuevas formas de esclavitud —tráfico de seres humanos, trabajo forzado, prostitución, comercio de órganos— son crímenes gravísimos, “una llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea”».

El nuevo modelo exigía colocar como centro de las políticas a las periferias del mundo, con una visión plural e intercultural. Pasaba por repensar la relación de la tríada Iglesia, pueblos y Estados. Y cuando decimos pueblos nos referimos a sus culturas, a sus formas de vida pensadas en relación con el mensaje cristiano y amenazadas por los efectos de la globalización económica y cultural. Aquí Francisco sigue la visión del uruguayo Methol Ferré quien explicaba que: «la misión de la Iglesia implica a la vez a los pueblos y a los Estados. Esta tríada, Pueblo, Iglesia y Estado, es inseparable, y considerarlas aparte, sin su radical inserción mutua, es un error demasiado habitual, que nos lleva a los callejones sin salida de un idealismo irresponsable».

Pero la geopolítica eclesial sería intranscendente si no se le discierne evangélicamente, teniendo como referente a la praxis de Jesús. Por eso Francisco la entiende como ejercicio y práctica de una soteriología de la misericordia en clave intercultural e interreligiosa. Así lo explicó en uno de sus discursos dirigidos al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede: «la misericordia ha sido el “hilo conductor” que ha guiado mis viajes apostólicos durante el año pasado. Me refiero en primer lugar a la visita a Sarajevo, ciudad profundamente golpeada por la guerra en los Balcanes y capital de un país, Bosnia y Herzegovina, que tiene un significado especial para Europa y para el mundo entero. Como encrucijada de culturas, naciones y religiones se está esforzando, con resultados positivos, en construir puentes nuevos, valorar lo que une y ver las diferencias como oportunidades de crecimiento en el respeto de todos. Esto es posible a través del diálogo paciente y confiado, que sabe respetar los valores de la cultura de cada uno y acoger lo que hay de bueno en las experiencias de los demás. Pienso también en el viaje a Bolivia, Ecuador y Paraguay, donde encontré pueblos que no se rinden ante las dificultades, y se enfrentan con valentía, determinación y espíritu de fraternidad a los muchos retos que los afligen, empezando por la pobreza generalizada y las desigualdades sociales. En el viaje a Cuba y a los Estados Unidos de América pude abrazar a dos países que durante mucho tiempo han estado divididos, y que han decidido escribir una nueva página de la historia, emprendiendo un camino de acercamiento y reconciliación».

El Papa entiende que la geopolítica es una forma de praxis pastoral que anticipa lo que sería la vida si se asume desde la justicia y la misericordia, desde el principio que reza: «nunca dar nada por perdido» (FRANCISCO, Mensaje para la 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2016). Esa es la gracia de quien vive y cree en la misericordia como poder para cambiar, que llama a la redención de la injusticia existente. En otras palabras se trata de «no considerar jamás a nada ni nadie como definitivamente perdido en las relaciones entre las naciones, los pueblos y los Estados».

Este enfoque geopolítico pastoral exige mirar al mundo desde su reverso, desde los que más sufren y contribuir a eliminar las causas de la injusticia global. Como lo expresó en su visita Apostólica a México: «pidámosle a nuestro Dios el don de la conversión, el don de las lágrimas, pidámosle tener el corazón abierto a los que sufren (...) Siempre hay tiempo de cambiar, siempre hay una salida, siempre hay una oportunidad, siempre hay tiempo de implorar la misericordia del Padre».

Francisco nos propone mirar a través de los ojos de su geopolítica pastoral al servicio de los pueblos y sus culturas; pide que construyamos una cultura del encuentro, antes que del consumo. Por ello, del mismo modo como la evangelización va unida al esfuerzo por preservar y fomentar la diversidad cultural frente a todo proceso de adoctrinamiento, también el posicionamiento geopolítico será crítico de cualquier sometimiento ideológico de los pueblos y sus culturas.

(Mireia Bonilla - RV)

04/05/2017 16:00