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Editorial \ Reflexiones en frontera

Sólo Jesús no se volvió ceniza, aunque también es del polvo de la tierra

“Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, es la frase con la que el sacerdote nos marcó en la frente el Miércoles de Ceniza. - EPA

04/03/2017 17:15

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

REFLEXIÓN DOMINICAL con lectura del Evangelio 

“Recuerda que eres polvo y al polvo volverás” es la frase con la que el sacerdote nos marcó en la frente con la ceniza. Pero con la ceniza hizo la marca de la cruz de Jesús. Porque Jesús es el único que no se volvió ceniza. ¡Sí! Y esa es nuestra fuerza, nuestra fe, nuestra alegría: Jesús, siendo de barro como nosotros, hijo de María de Nazaret, no se volvió ceniza porque es el Hijo de Dios y resucitó, vencedor de la muerte, del espíritu del mal, del pecado.

Y nosotros seguimos a Jesús, porque no queremos la muerte sino la vida plena que palpita en su corazón traspasado y resucitado. Y se derrama sobre nosotros en los sacramentos y la oración.

Pero para defender esa vida de Cristo sembrada en vos y en mi por el bautismo; para hacerla crecer hacia la plenitud, tenemos que hacer sacrificios, esfuerzos,  como el mismo Jesús sacrificó su vida por nosotros. El sacrificio de la limosna, el sacrificio de la oración, que a veces no resulta fácil y hasta el sacrificio de la penitencia, renunciando a alguna cosa, por ejemplo, o con la confesión de los pecados al sacerdote.

Jesús pasó 40 días en el desierto rezando, allí fue tentado por el espíritu del mal para Jesús lo venció. Vos y yo ¿qué sacrificio haremos en estos cuarenta días de cuaresma para acompañar a Jesús?

Evangelio según San Mateo (4, 1-11).

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".

Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".

Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme". Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

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04/03/2017 17:15