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Francisco \ Audiencias, Catequesis y Ángelus

Los Magos nos enseñan a no contentarnos con la mediocridad, dijo el Papa a la hora del Ángelus

Solemnidad de la Epifanía del Señor en la Plaza de San Pedro para rezar con el Papa Francisco

06/01/2016 12:06

(RV).- Tras la celebración de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco rezó a mediodía la oración mariana del Ángelus con los fieles y peregrinos, entre los cuales muchos niños, que se dieron cita en la Plaza de San Pedro.

Partiendo del Evangelio del día, con su relato de los Magos que desde Oriente se ponen en camino hacia Belén para adorar al Mesías, el Obispo de Roma explicó que la fiesta de la Epifanía tiene un alcance de universalidad, que es el alcance de la Iglesia, que desea que todos los pueblos de la tierra encuentren a Jesús y experimenten su amor misericordioso.

Y añadió que desde siempre la Iglesia ha visto en los Magos la imagen de la entera humanidad, a la vez que con la celebración de la Epifanía desea guiar a todo hombre y a toda mujer de este mundo hacia el Niño que ha nacido por la salvación de todos.

Francisco también recordó que en la noche de Navidad Jesús se manifestó a los pastores, los primeros que le llevaron un poco de calor en aquella fría gruta. Después llegaron los Magos de tierras lejanas, también ellos atraídos misteriosamente por aquel Niño, y agregó que si bien los pastores y los Magos son muy diversos entre sí, están unidos por el cielo, puesto que todos ellos levantando los ojos al cielo, vieron un signo, escucharon su mensaje y lo siguieron.

Por eso el Santo Padre afirmó que los pastores y los Magos nos enseñan que para encontrar a Jesús es necesario saber levantar la mirada hacia el cielo, y no estar replegados sobre sí mismos, sino tener el corazón y la mente abiertos al horizonte de Dios.

El Pontífice concluyó su meditación pidiendo a la Virgen María que nos ayude a levantar la mirada y dejarnos guiar por la estrella del Evangelio para encontrar a Jesús y para adorarlo, de modo que podamos llevar a los demás un rayo de su luz, compartiendo con ellos la alegría del camino.

(María Fernanda Bernasconi - RV). 

Texto y audio de la alocución del Santo Padre Francisco antes de rezar a la Madre de Dios en la Solemnidad de la Epifanía del Señor:

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

En el Evangelio de hoy, el relato de los Magos, llegados desde Oriente a Belén para adorar al Mesías, confiere a la fiesta de la Epifanía un alcance de universalidad. Y éste es el alcance de la Iglesia, que desea que todos los pueblos de la tierra puedan encontrar a Jesús, y experimentar su amor misericordioso. Es éste el deseo de la Iglesia: encontrar la misericordia de Jesús, su amor.

Cristo acaba de nacer, aún no sabe hablar y todas las gentes  – representadas por los Magos  – ya pueden encontrarlo, reconocerlo, adorarlo. Dicen los Magos: “Vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2,2). Y Herodes oyó esto apenas los Magos llegaron a Jerusalén. Estos Magos eran hombres prestigiosos, de regiones lejanas y culturas diversas, y se habían encaminado hacia la tierra de Israel para adorar al rey que había nacido.

Desde siempre la Iglesia ha visto en ellos la imagen de la entera humanidad, y con la celebración de hoy, de la fiesta de la Epifanía casi quiere guiar respetuosamente a todo hombre y a toda mujer de este mundo hacia el Niño que ha nacido por la salvación de todos.

En la noche de Navidad Jesús se ha manifestado a los pastores, hombres humildes y despreciados, algunos bandidos, dicen; fueron ellos los primeros que llevaron un poco de calor en aquella fría gruta de Belén. Ahora llegan los Magos de tierras lejanas, también ellos atraídos misteriosamente por aquel Niño. Los pastores y los Magos son muy diversos entre sí; pero una cosa los une: el cielo.

Los pastores de Belén se precipitaron inmediatamente a ver a Jesús, no porque fueran especialmente buenos, sino porque velaban de noche y, levantando los ojos al cielo, vieron un signo, escucharon su mensaje y lo siguieron. De la misma manera los Magos: escrutaban los cielos, vieron una nueva estrella, interpretaron el signo y se pusieron en camino, desde lejos.

Los pastores y los Magos nos enseñan que para encontrar a Jesús es necesario saber levantar la mirada hacia el cielo, no estar replegados sobre sí mismos, en el propio egoísmo, sino tener el corazón y la mente abiertos al horizonte de Dios, que siempre nos sorprende, saber acoger sus mensajes y responder con prontitud y generosidad.

Los Magos, dice el Evangelio, al ver “la estrella se llenaron de alegría” (Mt 2,10). También para nosotros hay una gran consolación al ver la estrella, o sea en el sentirnos guiados y no abandonados a nuestro destino. Y la estrella es el Evangelio, la Palabra del Señor, como dice el Salmo: “Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino” (119,105). Esta luz nos guía hacia Cristo. ¡Sin la escucha del Evangelio, no es posible encontrarlo!

En efecto, los Magos, siguiendo la estrella llegaron al lugar donde se encontraba Jesús. Y allí “encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje” (Mt 2,11). La experiencia de los Magos nos exhorta a no contentarnos con la mediocridad, a no “vivir al día”, sino a buscar el sentido de las cosas, a escrutar con pasión el gran misterio de la vida. Y nos enseña a no escandalizarnos de la pequeñez y de la pobreza, sino a reconocer la majestad en la humildad, y saber arrodillarnos frente a ella.

Que la Virgen María, que acogió a los Magos en Belén, nos ayude a levantar la mirada de nosotros mismos, a dejarnos guiar por la estrella del Evangelio para encontrar a Jesús, y a saber abajarnos para adorarlo. Así podremos llevar a los demás un rayo de su luz, y compartir con ellos la alegría del camino.

06/01/2016 12:06