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     Home > Justicia y paz > Noticia del 2011-08-23 15:01:30
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Causas y consecuencias de la esclavitud



El 23 de agosto tuvo luar la Jornada Internacional del recuerdo de la trata de negros y de su abolición bajo la égida de la ONU y de la UNESCO, en memoria del aniversario de la insurrección de los esclavos ocurrida en Santo Domingo entre el 22 y el 23 de agosto de 1791, evento que tuvo un papel crucial en la abolición de la trata a nivel trasatlántico.

Con esta Jornada se pretende sobre todo divulgar las causas y las consecuencias de la esclavitud y de la trata, que representa un capítulo negro de la historia de la humanidad por mucho tiempo envuelto en el silencio. Asimismo se desea reflexionar sobre las formas modernas de esclavitud, puesto que la plaga del trágico de seres humanos implica en nuestros días a millones de personas, en su mayoría mujeres y niños, desarraigados de su ambiente por la fuerza o mediante el pago a personas que tienen autoridad sobre las víctimas.

La UNESCO, por su parte, en el marco del “Proyecto para combatir la trata de personas en África”, realiza investigaciones sobre los factores específicos que están en el origen de este tráfico u organiza seminarios para las autoridades políticas, las Organizaciones No Gubernamentales, los jefes de las comunidades locales y los representantes de los medios de comunicación, a fin de sensibilizar a la sociedad civil e inspirar políticas tendentes a combatir estas formas modernas de esclavitud.

Como afirma nuestro colega Albert Mianzoukouta en su editorial del programa francés para África de Radio Vaticano, “la esclavitud es negación de lo divino, en cuanto negación de lo humano”. Y recuerda que el grito del beato Juan Pablo II -de febrero de 1992 en la isla de Gorée, puerto de partida de millones de personas deportadas- sigue resonando en las conciencias. Se trata de un pecado del hombre contra el hombre, de un pecado del hombre contra Dios –tal como ponía en guardia el Papa Wojtyla–, cuando afirmaba: “¡Es largo el camino que la familia humana debe recorrer antes de que todos sus miembros aprendan a reconocerse y a respetarse unos a otros como imagen de Dios, a amarse en cuanto hijos e hijas de un mismo Padre Celestial”!

Esta conmemoración anual por la abolición de la esclavitud sólo tiene sentido si logra hablar al corazón de los hombres y a sacudir sus conciencias, por lo que asume la forma de un doble desafío. Por una parte, impulsar a denunciar las horribles aberraciones de aquellos que han reducido en esclavitud a sus propios hermanos y hermanas, que el Evangelio había destinado a la libertad (según las palabras de Juan Pablo II); y reconocer las responsabilidades de cuantos en África han vendido a sus propios hermanos para un viaje sin retorno hacia las Américas y de todos aquellos que hoy siguen perpetrando la negación de lo humano a través de formas más solapadas.

En efecto, nuevos problemas y nuevas esclavitudes surgen en nuestro tiempo, tanto en el llamado primer mundo, pudiente y rico pero incierto acerca de su futuro, como en los países emergentes, donde también a causa de una globalización caracterizada con frecuencia por el beneficio, terminan por aumentar las masas de los pobres, de los emigrantes y de los oprimidos, en los que se amortigua la luz de la esperanza, tal como lo subrayaba el Santo Padre Benedicto XVI el pasado mes de mayo, al dirigirse a los miembros de la Obras Misionales Pontificias.

La esclavitud, ayer como hoy, se alimenta en la fuente contaminada del pecado. “Si se elimina a Dios del horizonte del mundo no se puede hablar de pecado –afirmaba Benedicto XVI a la hora del ángelus del 13 de marzo pasado–. Así como cuando se esconde el sol, desaparecen las sombras; la sombra aparece sólo si está el sol. Y así el eclipse de Dios comporta necesariamente el eclipse del pecado. Por tanto –precisaba el Papa– el sentido del pecado, que es diverso del sentido de culpa como lo entiende la psicología, se adquiere redescubriendo el sentido de Dios”.

De modo que la mejor conmemoración de la abolición de la esclavitud se realizará en el redescubrimiento de la figura de Dios, luminosa, clarificadora y colma de amor por todos los hombres, por doquier, y en todas las épocas.

MFB


La relativización de la persona conduce a todo tipo de abusos


En este contexto, Patricia Ynestroza conversó con el Oficial del Pontificio Consejo Justicia y Paz, Padre Paulo Cesar Barajas, quien en un primer lugar nos habla sobre las nuevas formas de esclavitud y sus orígenes RealAudioMP3

El padre Barjas se refirió a la labor de los gobiernos y autoridades y qué falta aún por hacer para combatir esta plaga RealAudioMP3

Por último, el oficial del Pontificio Consejo Justicia y Paz se refirió a las posibilidades para que desaparezcan las nuevas formas de esclavitud RealAudioMP3

PY




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